Dolor de espalda en la oficina, un enemigo silencioso

7 marzo, 2026by apalomino0

Es habitual escuchar frase cuando llegan a consulta de fisioterapia como: “Paso muchas horas sentado”, “Mi silla no es ergonómica” o “Necesito cambiar mi escritorio”.

El dolor de espalda se ha convertido en una de las molestias más frecuentes en la población actual. Lo preocupante no es solo su alta incidencia, sino que muchas personas lo han normalizado, asumiéndolo como parte inevitable de la rutina diaria. Sin embargo, cualquier dolor que se vuelve crónico puede generar compensaciones musculares que, a mediano y largo plazo, resultan perjudiciales para la salud.

En la actualidad, los hábitos laborales y el estilo de vida han cambiado considerablemente. Las largas jornadas frente al ordenador, el trabajo remoto y la disminución de la actividad física han incrementado los cuadros de dolor musculoesquelético. Tras la pandemia de COVID-19, el sedentarismo aumentó de forma significativa, afectando no solo a adultos, sino también a población joven que presenta cada vez con mayor frecuencia molestias en la espalda.

Si bien la ergonomía y las condiciones del entorno laboral influyen, cabe preguntarse: ¿es esa la solución definitiva? ¿Pasar más tiempo de pie elimina el dolor? ¿Cambiar la silla garantiza que las molestias desaparezcan por completo?

La respuesta es no. Estos cambios pueden contribuir a mejorar la postura y reducir ciertas cargas, pero no resuelven el problema de fondo. El cuerpo humano no está diseñado para permanecer estático durante largos periodos, ya sea sentado o de pie. Está diseñado para moverse.

El movimiento cumple un papel fundamental en la prevención y el tratamiento de las molestias musculares. Favorece la circulación, mejora la movilidad articular, fortalece la musculatura de sostén y reduce las tensiones acumuladas. Además, ayuda a evitar las compensaciones musculares que suelen aparecer cuando una zona del cuerpo asume funciones que no le corresponden debido a debilidad o falta de activación en otras áreas.

Incorporar pausas activas durante la jornada laboral, realizar ejercicios de movilidad, trabajar el fortalecimiento muscular y mantener una rutina regular de actividad física son estrategias eficaces para prevenir lesiones. No se trata únicamente de modificar el entorno, sino de modificar los hábitos.

El verdadero cambio comienza cuando entendemos que el dolor no debe ser normalizado, por ello es importante la prevención y el tratamiento precoz fisioterapéutico para ayudar a reducir la sintomatología.

 

Lcda. FT. Erika Torres

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